Agosto resopla las nucas en llamas de los tabernones en este verano, que es un imperio de sol sobre el mundo, y España se abanica con capotes raídos y muletas de chandal de peña. Es el viejo alivio de la tradición: de capeas, mus y Paquito el Chocolatero, que valla sus calles y le corre a la becerra embutido de vino de consagrar, para demostrar que en mi pueblo sigue siendo 'anteayer'.
-"A ti que te gustan los toros, ¿has visto la cornada del Ratón ese?" me espeta un peatonal de la barra.
- "A ti que te gusta la Fórmula uno esa, ¿has visto cómo ha espanzurrado a dos franceses un Opel Corsa en el pueblo ese?", le corto a la media caña.
Uno, que es paleto urbano, ni entiende ni participa de esta España becerra, más que becerrista, que se quita la borrachera a cornalones, porque queda más español, más épico, más aparatoso. Pero allá el personal. Escribió alguien que las plazas son para estar, y las calles para irse. Así que nada que suponga esquivar, saltar o ganarle los cien metros lisos a un animal tiene, para mi, nada que ver con el arte del toreo. Se lo hagan a un toro, o a una cabra; a pie, a caballo, o en taxi.

Y en esto, llegó Ratón. Y tras el ratón llegan las ratas, y la Fiesta se minuta en televisión con la historia del "toro asesino", como si el animal se afilara sus cuernos de colmillo con alevosía, para empalar al viajante de la Mahou de turno, que hoy le toca matar en Cambrills o por allí. Le cuentan las víctimas mientras su representante, dizque ganadero, le sube el caché a los villorios que le alquilan la navaja negra a 10.000 euros el cornalón. Algún día un concejal soltará en la capea a Miguel Carcaño o al de la katana, porque lo pide la plebe. Mientras, cuatro menopáusicas le gritan a los de Antena 3 que a ver si hay suerte y coge a alguien. (Señora, si quiere ver sangre, métase en la bañera y córtese la vena que guste). En el video, Ratón me parece un toro viejo, usado, con mirada de inspector de Hacienda, y cuernos de tahúr. Leo a mi amigo Cañamero que, además, lidiarlo va contra el Reglamento. Creo que este toro funcionario sólo embiste porque no le conceden la jubilación. Normal.
Es la herencia romana de la España gladiadora, que también, no nos engañemos, peregrina donde torea José Tomás para decir que estuvo allí el día en el que se consumó el martirologio. Y basta un Ratón para dar alas a las ratas que roen la Internet con miriadas de dentelladas en forma de comentarios, foros y blogs sobre la barbarie taurina, la atapuerca torturadora y demás tópicos del género. Que éste género es muy de tópicos. Lo peor es que, hablando de Ratón, poco puedo argumentar a la contra. -"A ti que te gustan los toros, ¿has visto...", y tal.
Así, parece que España, como dijo aquel, solo puede sobrevivir en Europa como utopia del ocio eterno y el mar dormido a la sombra de una paella. El gran hotel del sol, tan hospitalario, donde se enciende la música todas las noches, ella sola, y cada agosto se le tiene que morir un torero, aunque sea borracho y en chandal. Mientras, me hablo de Morante ensillando la arena en El Puerto, o de Manzanares abanicando a un toro al natural, y me cuento que para apreciar el Impresionismo a los holandeses no se les tiene que cortar un pintor la oreja al mes. "El arte es la forma más social de la locura, pero es locura", decía Umbral, pero puestos a defender a un loco, al menos que tenga algo de artista, y no de borracho suicida. Mientras me digo esto... -"A ti que te gustan los toros, ¿has visto...", y así.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada