martes 10 de enero de 2012

El garabato de la España vencida, la firma del poeta


Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, esta ceniza no juega con fuego, este ciego no mira para atrás”. Los historiadores son profetas del revés, los poetas suelen ser cenizos con buen ojo para los obituarios, porque antes de que se les muera el muerto, ya le han escrito algo como eso para que se les muera bonito. Viene esto a que Joaquín Ramón Martínez Sabina ha firmado, como si fuera un peatonal, la ILP, que es ese nombre como de formulario de Hacienda, que le han puesto a la recogida de apoyos en defensa de los toros.

Los poetas no firman hipotecas, sólo manifiestos, con la rutina con la que un sargento de la Guardia Civil firma multas. La causa, es noble, justa y, para firmar, como diría también Sabina, “nos sobran los motivos”. Empero, cuando a una causa, la firma un poeta, que se de por jodida. Un soneto como lápida, una rúbrica como clavo de ataúd; a los meses de firmar Alberti su apoyo al Frente Popular, Franco le comenzó a ganar la Guerra, y a firmar sentencias de muerte mientras se desayunaba en una mesa camilla de chocolate y sangre con churros, que en España para que tu firma valga para algo hay que ser por lo menos general. Antañazo, cuando todo se explicaba mejor, se decía “tener firma”. Uno era alguien si tenía firma en una Diputación, y la parienta no podía tener una cartilla en la Caja de Ahorros si el marido no le echaba un garabato. Esta España taurina y mujer, necesita de un generalazo que le avale la caligrafía débil y torcida con la que apenas defiende sus pasiones, siquiera sus libertades, la cartilla en el Monte de Piedad. Vencida, colecciona garabatos de transeúntes y poetas. Sólo Rajoy tiene tinta y estilográfica; sólo haría falta su firma para conquistar éste Alcázar famélico del toreo, resistente al asedio, en un país con demasiados problemas para firmar y tan pocas manos firmes.

El parlamento es la escenografía de la política; no la política, que está en la vida, en la cola del pan. “Perdón por la tristeza”, pero en Cataluña, hace mucho que se perdió la batalla de verdad, que es la de la memoria; y el resto de las firmas son balas de teatrillo. Ni siquiera todos los profesionales que viven del toro han pasado por el folio. Sólo en Salamanca faltan miriadas de ellos. Por cierto, yo firmé hace meses. Aunque no sirva para nada. “Éste adiós no maquilla”, y así.

(Publicado en 'El Adelanto')